Volvemos con nuestros posts con una boda que ha sido un antes y un después en la gestión de nuestro estrés propio en la organización de una boda  jeje ya no habrá una boda que se pueda complicar más y que pueda tenernos hasta el último momento (literalmente) con los nervios a flor de piel. Permitidme que esta boda os la contemos desde la trastienda, porque lo que ocurrió fue casi un milagro.

Jose y Ana convocaron a toda su familia y amigos, desde Valencia para casarse en Ibiza, en un entorno natural y con unas vistas al mar maravillosas. Decidieron casarse en una villa, situada en Cala Salada el 15 de septiembre de 2018, lo que ninguno hubiéramos imaginado o esperado es que justo ese día se produjera el diluvio universal en Ibiza… ¿Recordáis cómo se inundó el chiringuito de Cala Gracioneta ese verano? Pues nosotras estábamos con la boda encima de esa montaña (Lo podéis ver pinchando aquí).

Todo empezó el viernes, venía una previsión de esas imprevisibles y que no dejan nada claro para nadie. Los ibicencos que lean esto lo entenderán, porque Ibiza cuando quiere puede ser muy dura de predecir y casi siempre todos los canales del tiempo fallan. La cosa es que por un lado venía bueno, por otro venía alguna lluvia fina interrumpida.. nada grave. Pero tratándose de su boda, recuerdo que le comentamos a Ana, “si fuera mi boda pondría una carpa, sino no tendremos plan B” y bueno, finalmente, por estas cosas de la vida, su impulso fue poner la carpa aunque no estuvieran muy convencidos. Recuerdo fue una decisión dura porque siempre que te planteas eso también viene un poco de desánimo porque ya te mentalizas en que existe una probabilidad de que en tu boda llueva y eso no le mola a nadie.

Cuando cargamos el coche y nos dirigíamos a la Villa, Marina le mando un audio a Jose:  “Jose, no va a llover!! el cielo está abierto, hará un día brutal…” y entonces, llegamos a la casa y empezamos el montaje como lo teníamos previsto: En el césped principal y con unos plásticos por si al final el cielo decidía tirar las cuatro gotas que tenía previstas.

La boda empezaba a las 12h y cuando llevábamos una hora de montaje empezó a nublarse más y más hasta ser un cielo gris como nunca habíamos visto. Jamás nos había pasado que todo lo que alcanzaba la vista a ver fuera gris. Ibiza nunca es así, su tiempo son chubascos o tormentas cortas pero no se capota de esa manera… la cosa es que las cuatro gotas vinieron a más y más hasta que finalmente tuvimos que optar por mover todas las mesas ya montadas debajo de la carpa. Ya era tarde… habíamos esperado demasiado pero nadie en el equipo quería quitarle el sueño de su boda a los novios, al final lo movimos por necesidad de fuerza mayor el agua que caía no era normal.

En ese momento empezaron todos los dramas. Llovía tanto que el camino de llegada a la casa se abrió como un torrente y los coches no podían subir, ni la cocina del catering, ni sus cheffs, los invitados tampoco, el autobús estaba en stand by para ver cómo gestionábamos eso. Nuestra asistente, la pastelera y el resto del mobiliario del montaje estaban atrapados en el camino porque se cayó un árbol.. fueron tantas cosas que ahora mismo ya no las podemos ni recordar, lo que si nos acordamos es de plantear la posibilidad de posponer la boda, y eso si que JAMÁS en ninguna boda anterior nos lo habíamos llegado a plantear pero de verdad que nos os podéis imaginar como llovía y si los invitados no podían llegar, no podíamos hacer nada… ¿Os podéis imaginar qué mal rato para todo el equipo? Y para Jose, que el pobre no se despegaba de nosotros para ver como se iba a resolver todo…

Al final, con la ayuda y el buen rollo de todos los proveedores, los invitados y toda la gente que estaba atrapada se liberó y pudieron empezar a subir a la casa. Entonces, justo en ese momento, sucedió la magia…

Ya habíamos planteado con Ana su boda bajo paraguas y multitud de posibilidades pero su gran corazón y su enorme Karma le brindaron la mayor de las pocas probabilidades y es que en el momento de empezar su boda parara de llover. Marina siempre recuerda subir a la habitación para ver cómo estaba Ana, darle ánimos… pero ella sólo estaba emocionada,  feliz y con ganas de casarse con su futuro marido. Ni la peor tormenta nunca vista la desanimó. Siempre recordaremos el abrazo en equipo que hicimos en esa boda, Ana y sus papas son y fueron tan bonitos que consiguieron lo imposible…

¡Sucedió y fue mágico! Se arregló el tiempo, dejó de llover y… ¿Qué paso? Que todos los que estábamos allí presentes habíamos sufrido tanto por los novios que fue una ceremonia súper intensa, bonita y emocionante.

 

En el momento del cocktail hasta salió el sol y todo lo que habíamos planeado se pudo desarrollar y nosotras no pudimos ser más felices.

Así que como podéis ver en la galería completa de la boda, fue una preciosa boda boho, cargada de detalles y de momentazos de puro amor.

Gracias Ana y Jose por dejarnos vivir un día tan bonito con vosotros, por conoceros y ser lo bonitos que sois. Todo el equipo de TIWP os desea mucha felicidad, para nosotras será una boda que no olvidaremos jamás.

Todas las fotos son de Pablo la Guía.